
En los grandes combates de boxeo de antaño los entrenadores entraban con alguna anticipación a conocer los puntos fuertes y débiles de los contendores de sus pupilos.
Téngase en cuenta que no era una tarea fácil, en un país territorialmente tan inmenso como los Estados Unidos, donde habían púgiles de todas partes y en una abundancia tal que hoy por hoy deja en estado de asombro las estadísticas. Como, por ejemplo, saberse que en los años 20 había 3 veces más pugilistas que en el 2000 y subsiguientes. ¿Con qué clase de líquido se puede pasar el tarullo atascado detrás de la lengua? Sépase que son estadísticas serias e irrebatibles, a cargo de entidades responsables. Otra cosa era que entonces no había ni siquiera el 20% de los medios de difusión y publicidad con los que cuentan estos tiempos.
Escojamos a dos boxeadores para reafirmar lo que se decía en los años 30; Joe Louis, tremenda sorpresa de aquellos tiempos, y Max Schmeling, excampeón mundial que muchos consideraban que tenía ya el sol en las espaldas cuando se midió con Louis en el primero de los dos combates que libraron. Louis era la sensación boxística de aquellos años. Había noqueado en fila india a excampeones mundiales de peso completo: Primo Carnera, el primero de ellos; Jack Sharkey, Max Baer. Y como le faltaba uno, llamado Max Schmeling, sus manejadores no tardaron en que su pupilo lo enfrentara a continuación.
Schmeling había observado esos combates de Louis. Y descubrió algo que ni siquiera quiso comentarlo con su entrenador, guardándoselo para sí mismo; Louis tiraba su potente jab de su izquierda adelantada e inmediatamente bajaba el brazo. Y sobre eso trabajó el púgil teutón para noquear a la sensación de sensaciones, como lo noqueó en el 12 o 13 asalto, que estamos escribiendo en este periódico, lejos de los legajos en casa. Louis que tiraba su jab y Schmeling que no lo ‘cabeceaba’, para meter su recto de derecha a continuación. Y así fue demoliendo a Louis y tumbándolo varias veces, hasta cuando le cayó la cuenta final.
Pero como al que estudia también lo estudian, Schmeling fue siempre un boxeador que comenzaba lentamente en los primeros 5 o 6 asaltos y luego comenzaba a meterle presión a sus ataques. Por eso de un octavo round en adelante el púgil alemán era tremendo peleador. ¿Qué hacer con él? ¡Pues, a madrugarlo! Eso fue lo que se planificó para la revancha. Sonó el primer campanazo (que luego se vio que no hubo otro) y Louis le partió con todo su arsenal de golpes a gran velocidad.
Tomaron a Schmeling fuera de balance. Antes del primer minuto de combate ya el boxeador germánico estaba en la lona. Se paró como pudo y ahí mismo le llegó el segundo vendaval de izquierdas y derechas que lo terminó a los 2 minutos y piquillo.
Sí, en aquellos tiempos se estudiaban a los contendores...
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El autor colombiano José Víctor De Castro C., más conocido como Chelo De Castro, es un legendario periodista deportivo de Barranquilla, Colombia. De Castro comenzó su carrera en 1945 en el Semanario La Unidad, dirigido por Armando Zabaraín. En 1946 ingresa al Diario la Prensa, donde estuvo durante 10 años. En 1956 pasa al Vespertino Nacional de Julián Devis Echandía, durante tres años. En el Diario Del Caribe laboró durante ocho años, le vetaron un artículo, razón por la cual renuncia y al día siguiente comienza en El Heraldo, hasta el día de hoy, llevando 38 años de servicio. Un total de 65 años de carrera periodística deportiva.
También en Colombia, De Castro, fundó en la radio un noticiero deportivo que se llama "Desfile Deportivo" con Mike Schmulson. Este programa se inició en Emisora Atlántico, el 7 de abril de 1953, a los pocos meses pasa a la Voz de la Patria. Actualmente se emite por Uniautónoma Stereo y el pasado 7 de abril de 2010 el programa cumplió 57 años.
El maestro Chelo De Castro nos honra con su colaboración desde el 2000. Para nuestro grupo en NotiFight.com, es un gran orgullo contar con una de las plumas boxísticas más respetadas de Latinoamérica.