DeCastro
¡Como dicen ahora: qué “peleón” Mosley y Cotto!
By Chelo de Castro, ElHeraldo.com.co
Nov 12, 2007 - 4:50:06 AM

Teníamos los cofrades boxísticos en casa de Mike Schmulson que no veíamos en semanas y meses un combate de tan excelente factura como el que presenciamos el sábado pasado, entre el norteamericano Mosley y el puertorriqueño Cotto, dos púgiles que no rehúyen ‘la candela’ y por ende protagonizaron una dura y encarnizada batalla de guantes.

 

La dureza del combate puede medirse a través de la votación (114-113, 115-114) y el otro voto también por ahí, con una diferencia de un mísero punto en la suma de cada uno de ellos. En muchísimos asaltos al principio de los mismos uno de los dos tomaba ventaja, pero en la segunda parte de ese mismo asalto el otro nivelaba las acciones de igual manera, esto es, tomando la misma ventajita que el otro le había tomado al principio del asalto.

 

Esta vez se ha hecho como en los viejos tiempos, cuando a un campeón mundial no se le quitaba su título por un puntito de diferencia en la votación; a veces, ni por dos puntos, pues se consideraban por aquel entonces que un rotador necesitaba haber logrado una clara ventaja sobre el monarca para lograr desbancarlo con un fallo.

 

A juicio nuestro —-que, como tantas otras veces, fue discutido por algunos de los otros cofrades-— el verdadero ganador fue Mosley. No sólo pegó buena parte de los golpes más sólidos que se vieron en la pantalla chica, sino que en todos los 12 asaltos fue el hombre que salía de su esquina para atacar.

 

Ahora resulta que en este boxeo de correntillas el ataque, que en el pugilismo de antaño era un factor apreciadísimo para los jueces, no vale una mazamorra de guamacho. Y resulta que sin eso, sin ataque, no hay pelea, y entonces el réferee tenía que botar del ring a los dos boxeadores.

 

Eso sí, aclaremos: Cotto no es correntón, ni mucho menos. Se plantan a pelear muchas veces, como a eludir con su juego de piernas cualquier situación. Sobre todo, el boricua no se mete jamás en una esquina. Su boxeo gira en el centro del cuadrilátero y sus alrededores, pero nadie lo va a clavetear en un ángulo del entarimado.

 

Los dos acusaron un excelente estado físico, pues pelearon a todo vapor los 12 asaltos. Los dos estuvieron tan bien parados a lo largo del careo, que no hubo una sola caída de ninguno de los dos. Mosley se resbaló en las cercanías de la propia esquina de Cotto, por el agua que se derrama muchas veces.

 

Cotto tenía tal seguridad que sería el ganador del combate, que se presentó con sus dos pequeños hijos: uno como de 10 o 12 años y el otro como de 6 o 7. Lo suponemos así, ya que más de un padre boxeador pensaría en llevar a sus pequeños hijos a presenciar una golpiza que le están propinando a su progenitor.

 

Ya eso tiene muchos años (25 o 30) que un púgil musulmán llevó a su señora madre al Garden de Nueva York a presenciar un combate contra un norteamericano que no tuvo el menor asomo de piedad por la circunstancia anotada, y comenzó a darle mojo del bueno a su contendor. Y aquel espectáculo dolía de veras verlo por televisión, con la anciana rezando un rosario musulmán, mientras sobre su hijo llovían derechas e izquierdas sin contemplación.

 

La seguridad y habilidad de Cotto lo libraron de un caso similar…

 


 

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