DeCastro
¡Esos nombrecitos de los púgiles cubanos!
By Chelo de Castro, ElHeraldo.com.co
Dec 10, 2009 - 8:53:46 AM

No hay duda que cada época y cada generación tiene sus características, sus modismos, su manera en fin de entender y aplicar lo suyo a todo lo que para ellos es ¨la bella actualidad¨, así no sea para otras generaciones pasadas a retiro. De todo esto nos hemos acordado al ver en las páginas deportivas del diario Nuevo Herald, cuando sus periodistas escriben sobre los boxeadores cubanos que irreverentemente ¨puyaron la burra¨ hacia EE.UU. y allá se encuentran convertidos en boxeadores profesionales que han comenzado a ganar peleas.

 

Aparte de la indiscutible calidad boxística de estos muchachos nos ha llamado enormemente la atención la clase de nombrecitos que se mandan, más sorprendentes y más extraños que un bollo de yuca servido en un banquete en el Palacio de Buckingham para jefes de Estados. Un amigo que hemos dejado de ver por muchos años nos contaba una vez que en EE.UU. no perdonaban que un personaje público o camino de serlo se mandara un nombre extravagante. De una vez le ordenaban que cambiara esa monserga, por nombres de fácil pronunciación, para allanar el camino hacia la popularidad.

 

Y era muy cierto. Jack Dempsey se llamaba William Harrinson Dempsey; le quitaron los dos nombres y le pusieron ¨Jack¨. Willie Pep, el extraordinario campeón mundial pluma, era hijo de griegos y se mandaba uno de esos ¨poropopoulos, no se qué vaina¨ que no los traga nadie. Le pusieron ese, Willie Pep, y fue ídolo fácil. Lo mismo se hizo con Ray Robinson, Max Baer y muchos otros púgiles de los años 20, 30 y 40. Pero acabemos de citar los nombretes que cargan los púgiles cubanos, calcados de nombres soviéticos, desde los tiempos que en Cuba se compartía un pirulí con un ruso.

 

Hay un peso completo cubano al que le profetizan un gran porvenir, de apellido Solís, muy castellanizado. ¿Y el nombrecito? Odlanier. ¿Cola qué? ¿Odlanier o es que no sabe leer? También hay un peso pluma cubano que está barriendo con todo el mundo y ya está peleando en el Madison Square Garden de Nueva York. Es de apellido Gamboa; un poquito minoritario, pero aceptable; más vamos que el nombrecito con el que lo llevaron a la pila bautismal sí que manda la jabalina lejos en rarezas. El tipo se llama Yuriorkis, ¡vaya que lo peine un sapo! Decían en Barranquilla cuando éramos niños.

 

Pero no se crea que en este deporte de los nombres rarófilos solo los cargan boxeadores y peloteros. Acá, en Barranquilla no más, tenemos un muestrario que no tiene nada que envidiarle al que se mandan los cubanos. Conocimos un ¨pelao¨ que se llamaba ¨Chesterfield¨. El ¨papi¨ quiso distinguirlo con un nombre anglosajón y confundió esa marca de cigarrillos y se lo fue encasquetando al descendiente, que han pasado los años, ya el muchacho está grande, pero no se lo ha podido raspar. Además… no, nada más, que llegó la cimitarra que sabemos…


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