
¡Inicuo desamparo para Hevinson Herrera en Francia!
By Chelo de Castro, ElHeraldo.com.co
19/02/2008 05:13
Basado en su larga trayectoria en el oficio (que ya no tenemos por qué decir los años, que bastante que lo hemos dicho) este columnista creía que ya no podía haber —ni allá ni acá— ninguna martingala en el contorsionado mundillo del deporte que lo pudiera sorprender. Y vamos que “a la vuelta de la esquina” había una pilatuna excepcionalmente descarada e impúdica, como la que acaba de hacérsele al púgil colombiano Hevinson Herrera.
A Herrera díjole su apoderado y manejador que habría de viajar a Francia para combatir contra el francés Cyril Thomas —tanto éste como su contendor a duras penas y a penas duras son conocidos en la cuadra donde viven, pero es que así es el ‘meneito’ de estos tiempos pachangueros en el pugilismo, con el carnavalito que se manda el llamado Arte de Fistiana, con organismos mundialistas unos y pujando para serlo otros— acompañado de un sujeto que el boxeador no había visto nunca en su vida.
Es decir, mayor orfandad pugilística no puede conformarse para que un boxeador de nuestro país fuera a Francia, para caer en las fauces del deporte más pícaro y deshonesto que se conoce en el mundo. Sobre todo, ahora, donde hay una patente de bucanero “que le roncan los pistones”. En otros tiempos había tal sentido ético en el boxeo profesional, que hasta se impidió una barbaridad que los argentinos estuvieron a punto de cometer cuando su compatriota Luis Ángel Firpo iba a combatir con nadie menos que Jack Dempsey.
¿Qué creen ustedes que se pretendía desde Buenos Aires? Primero, que iba un sabiondo boxístico del terruño para asistirlo. Segundo, que el sabiondo ya no iba, pero viajarían unos dibujos ‘técnicos’ que Firpo debía estudiar “para ganarle a Dempsey”. ¿Qué tal esa mariposa escapada del paraíso terrenal? Por supuesto, el promotor del combate, Tex Rickardt, impidió aquel desaguisado deportivo y tomó las medidas para que Firpo subiera al ring con la asistencia técnica adecuada en su esquina.
Pero dejemos eso para entrar en la ‘hedentina’ de este boxeo actual. El hombre que su propio mentor le escogió para que asistiera a Herrera en Francia era un sujeto que de boxeo no tenía ni noticias en el Internet. Y apenas cruzó dos palabras con él en el avión. Una vez aterrizaba la nave en suelo francés, de inmediato “¡querebé-querebé-querebé!” y el hombre se perdió “como Migue en la montaña”. Y no lo volvió a ver, porque por lo visto no había nada que tratar de boxeo con él.
En estos tiempos nadie le regala a nadie un tiquete de avión Bogotá-París. Es por eso que muchos observadores del patio creen que lo que se hizo fue una venta del tiquete a un Fulano que propuso tal suma para adquirirlo y de una vez le arrebataron el brazo. ¿Y el boxeador? Pues, él verá como se defiende; debe entender que ganará los pesos que por acá nadie le ofrecería y colorín, colorado.
¿Y de las autoridades boxísticas qué? ¿Qué de qué? ¿Qué de cuál qué? Pues cual más, cretinito querido. Primero enterarse en qué condiciones va a viajar a Francia un púgil colombiano; quién lo va a acompañar; qué clase de autoridades son las que han de supervisar todo el espectáculo. Y por lo visto los encargados del boxeo en Francia deben ser otros pícaros de tomo y tomo, a quienes lo único que les interesa es la ‘mordida’ que se da en el espectáculo que ha devenido hoy por hoy en una cueva de Rolandos.
En materia de boxeo, acá en Colombia tenemos un Rey de Burlas que llaman “coldeportes nacional”, en cuyo interior no hay uno que medio sepa de lo que se trata. No saben ni cuántas sogas tiene un ring profesional, ni cuántas yardas tiene un vendaje de boxeadores. Nada de nada. Ni saben, ni se asesoran. El boxeo es un huérfano para las ‘autoridades’ deportivas o tenidas por tales.
Nos perdonan, pero tenemos que retroceder en el tiempo, porque este columnista fue, no fundador de
la Comisión de Boxeo en Barranquilla, sino su restaurador, ya que existían desde 1922, pero era tal la inmoralidad de una Federación Colombiana de Boxeo que ponía a los directivos de
la Liga del Atlántico dizque a “controlar el espectáculo”. Otras veces a convertirse en promotoras. Con ese esperpento acabamos de un plumazo. Y lo que sí fundamos, pero nunca operó por el egoísmo regional que agobia a este país, fue
la Comisión Nacional, porque ni en Cartagena ni en Bogotá quisieron marcharnos. Es el mismo egoísmo que se opone siempre a eso que sea creado por otros, no por ellos, que de eso anda este país con exuberancia de cadillo y verdolaga. Y ‘manca tigre’ de ñapa, si lo quieren.
Hevinson Herrera y su desamparo boxístico: ¡horror de horrores! habría exclamado Porfirio Barba Jacob.
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