
No habla nada bien de plazas boxísticas de tanto renombre como Los Ángeles y Las Vegas -las mismas que desplazaron a nada menos que Nueva York, de los grandes combates de antaño- por lo que se dice en materia de trucos y vagabunderías de grueso calibre y enormes responsabilidades en torno al fair play que debe prevalecer en todo momento y en todas las circunstancias, pero vamos que el play se vuelve turbio y no por cuentos de camino de tiempos remotos, sino fresquecitos, del otro día.
Con motivo del combate entre Miguel Cotto y Manny Pacquiao, el bando del primero exigió una revisión a fondo de tanto los guantes como el vendaje del filipino. Cotto perdió la primera pelea de su vida y su condición de invicto cuando peleó con el azteca Antonio Margarito. Su padre, Miguel Cotto (q.e.p.d), se lamentaba por no haber sometido a examen sus elementos de combate. Y tanto él como su hijo estaban seguros que la gente de Margarito jugó sucio en aquella ocasión.
Margarito peleó posteriormente con Shane Mosley y la gente de éste le sometió las manos del mejicano antes del combate, y le hallaron que tenía las manos vendadas con cintas untadas de una sustancia parecida al yeso. Esto dejó un amargo sabor en Cotto y su gente, convencidos a posteriori que con toda seguridad que al púgil boricua se la hicieron en la pelea que perdió con Margarito.
Como un hecho controvertido de hoy en el boxeo, este columnista puede sostener que en el pasado eso mismo sucedió en el pasado, cuando Firpo fue a pelear con Dempsey, la gente del argentino ya sabía lo que se decía de las manos vendadas de Dempsey cuando peleó con Jess Willard y exigieron un representante suyo para presenciar el vendaje de Dempsey. Ya lo vendaban cuando se dieron cuenta que había un polvo parecido al yeso (¡el mismo que parecía tener Margarito!) en el vendaje de
la Mula de Manassa. Obvio, le cambiaron las vendas.
Jess Willard siempre sostuvo la sospecha que Dempsey debió tener algo sólido escondido en el vendaje, para haberle hecho lo que le hizo: la peor carnicería que se conoce en la historia del boxeo: 4 dientes volados; un pómulo fracturado; 3 costillas también fracturadas y hematomas por todas partes. Por ser hombre tan fuerte, Willard pudo sobrevivir a semejante ordalía, que a cualquier otro lo habría matado.
Que aquello fue en 1919, pues vaya y vuelva. Pero que todavía se pueda ver algo parecido en el Siglo XXI, de veras que eso manda la jabalina lejos…
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