
Un caso boxístico y un profundo agradecimiento
By Chelo De Castro, ElHeraldo.com.co
Sep 10, 2009 - 9:14:21 PM
Un pequeño grupo de amantes de ese viril deporte del boxeo nos preguntan a través del Internet de un amigo de ellos y de este columnista, si todas esas proezas que se relatan sobre el legendario púgil de color Sam Langford “son ciertas o inventadas por mentes calenturientas”, que así reza la consulta. ¿Qué podemos decirles? Hace ya mucho tiempo no queda un “fans” vivo de los tiempos de Langford que pueda rebatir o confirmar lo que de él se ha dicho, pero decimos que tienen que haber sido verdades de a puño desde que lo aseveraban todos los historiadores boxísticos de fines del siglo 18 y principios del 19.
Los pronósticos de Muhammad Alí, anunciando en qué “round” liquidaría a los paquetones que le echaban en sus comienzos quedaban chiquitos ante los anunciados por Langford. Este llegó una noche al extremo de subir al ring con una cinta métrica, y cuando le preguntaron que “eso para qué”, Langford respondió que para señalar dónde quedaría tendido su contendor. Y así lo hizo. Desde luego, si el hombre tenía una pierna medio salida del dibujo que había hecho Langford eso no tenía importancia.
A otro adversario que había peleado con él y los jueces habían declarado mañosamente empate, un cronista habló de “robo”, pero no cometido contra Langford, sino contra el otro. Y cuando llegó la revancha, Langford le preguntó a sus ayudantes (ya estaba casi ciego) “donde estaba sentado el periodista” ¿Y para qué?, le preguntaron. “Porque se lo voy a tirar encima”, dijo Langford. Dicho y hecho. Le dio una tremenda paliza al oponente y cuando ya estaba para ser tendido, lo fue llevando hasta donde estaba el plumífero. Y teniéndole contra las cuerdas Langford le gritó al periodista: “Fulano, ahí va su pupilo. Y echándose hacia atrás le soltó un salvaje trompón, teniendo que saltar el cronista para que no le cayera encima. Un caso semejante a ese ni se había dado nunca, ni nunca se ha vuelto a dar en la historia del boxeo.
Una perla entre muchas. Querido Guillermo Meisel: Me has concedido el mejor regalo que puede hacérsele a todo aquel que ama y respeta el pensamiento de los grandes hombres, para los cuales siempre habrá una indesfalleciente admiración. Este álbum que me haces llegar con una esquela tuya que guardaré tanto en la memoria como en el corazón, recoge gran parte del pensamiento de los grandes gigantes del intelecto. Te ruego creerme cuando afirmo en estas líneas dictadas por un profundo agradecimiento, que si algún amigo mío tiene uno de tu calibre y tu generosidad, bien puede compartir conmigo en que uno como tú es un rarísimo privilegio que Natura no concede sino muy de cuando en vez y de vez en cuando. Guillo, recibe mi estrechísimo abrazo y la seguridad que he de recordar tu gesto hasta el fin de mis días.
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