DeCastro
Un combate como muy pocos…
By Chelo De Castro, ElHeraldo.com.co
Jan 27, 2009 - 7:58:11 AM

 

Uno de los combates boxísticos más emotivos, más estrujantes de los últimos tiempos que se han visto sobre un ring fue el que animaron en Las Vegas Shane Mosley y Antonio Margarito, ganado por el primero de los dos en el 9º. asalto por K.O.T. habría sido un K.O. sin la “T”, pues Margarito iba rumbo al piso en el momento

 

 

mismo en que el referee se interponía entre los dos para suspender aquel salvaje despliegue de golpes que le puso fin a la pelea.

 

 

Mosley puso en juego desde el mismo primer capítulo su velocidad de manos y la precisión, como también la contundencia de su golpeteo, en tanto que Margarito -en un homenaje más que los púgiles aztecas le rinden a la bravura, que en todos ellos es una constante- se plantaba a intercambiar mandarriazos con su adversario.

 

Margarito es un púgil mejicano que como que se aparta de la gran característica de todos sus paisanos, que desde los años 30 hasta los días que corren, hacen del gancho de izquierda descargado sobre el hígado del contendor la gran herramienta boxística de los hijos de la patria de Juárez. El Margarito lo tira de vez en vez y de cuando en cuando, porque todo su arsenal pugilístico va en pos de cara y cabeza del enemigo.

 

Y lástima de ese “handicap”, porque lo es y ante Mosley con mayor razón, puesto que el púgil estadounidense también dirige hacia arriba sus puños, esto es, que deja desguarnecida su zona hepática que era como para que se hubiera encarnizado en golpear allí, donde golpean todos sus paisanos, menos él.

 

Este violentísimo y emotivo combate casi termina en el 8º. round, cuando Margarito fue puesto al borde del colapso. Ya el mejicano estaba para el arrastre cuando sonó la campana, que debió saberle a música celestial a su esquina, por la “retreta” de izquierdas y derechas de todos los calibres que pretendía como descabezar a Margarito. Sin embargo, hay campanazos que sólo salvan para morir, porque al round siguiente llega la sentencia.

 

Como le llegó a Margarito, el hombre de apellido tan antipugilístico. Mosley salió para el 9º. listo a rematar su faena. Y a fe que lo hizo demoledoramente: un despliegue de izquierdas y derechas que aterrizaban todos sobre mentón, mandíbula, pómulo y arcos superciliares, en una operación de exterminio boxístico que les encogió el corazón a todos los cofrades de Mike Schmulson, porque por más que a uno le guste el boxeo, no puede gustarle presenciar una carnicería legalizada… No, hasta allá no llega el partidarismo…

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