
La gente es ‘fregada’. Bastase que hubiésemos hecho ayer una croniquilla entre seriedad y tomadura de pelo (conste que aquí no propagamos la inmarcesible estupidez de la “mamadera de gallo”, frase que un estúpido cualquiera estampilló en el habla de la modernidad como sinónimo de broma y de una vez se extendió hasta internacionalmente como reguero de pólvora) y de una vez nos “enmochiló” una que ya teníamos encajonada en el cerebelo para hoy, porque exigían otra crónica como la de ayer sobre la reunión boxística del viernes (en Barranquilla, Colombia).
Sí, se dice fácil: la gente pide crónicas y croniquillas como los “pelaos” de los años treinta le pedíamos arrancamuelas al padre Meloc en la puerta de la iglesia de San Roque. En los bolsillos de la sotana del padre, como en la de cualquier otro cura, cabían 500 arrancamuelas de un solo viaje, pero aquellos muchachos a los cuales pertenecíamos nos dábamos trompadas como si fuera la única del siglo 19.
Bien, al grano. Hubo un amago de pelea que no pasó del amague, entre un flaco de apellido Miller —parece que era— y otro de apellido Therán. Este par de chambones están pidiendo a gritos un entrenador que les enseñe el ABC del boxeo, porque todavía no lo conocen. El Miller es un flaco altísimo que parece una garrocha o una vara de premio, presentado a tus oyentes por el locutor de la televisión dizque como ‘noqueador’.
¿Noqueador? ¡Ni en una telenovela mejicana! El flaco no noquea un lechón, así le hayan dado en ayuda un bate de béisbol. Mete su batazo y el lechón se muere, pero de la risa! Y Therán, ganador del amago (de jueces habríamos dado a los dos de perdedores y que se formara la de Dios es Cristo) puedo haber doblado la garrocha en dos, pero el hombre no pega un parche de caraña en una nalga y se tuvo que contentar con un fallo a los puntos.
Todas las programaciones de boxeo en estos tiempos comienzan casi que a la hora cuando estaban terminando las de los años 40 y 50. Fórmula perfecta para que aquel aficionado que entró al estadio a las 7 u 8 de la noche dure entre 4 y 5 horas con el trasero estampillado en el duro cemento de las gradas (estampillado y aplanchado) pique los cabos y no vuelve nunca más a una maldita velada boxística.
¿Saben a qué hora terminó la pelea estelar? Faltaban 5 para las 12! ¿Qué talito, muñequito? Y eso que no fue en Puerto Colombia, que habría sido el despiporre en afganistano. ¿Y qué es de la vida de la Comisión de Boxeo que este columnista restauró y se impuso en una época que todavía se recuerda? ¡Ay, Barranquilla! ¡Hasta en esto vas en ‘réver’, como la que sabemos...!
Las Opiniones expresadas en esta nota son exclusivas del autor y en ninguna forma representan necesariamente la posición de NotiFight.com
El autor colombiano José Víctor De Castro C., más conocido como Chelo De Castro, es un legendario periodista deportivo de Barranquilla, Colombia. De Castro comenzó su carrera en 1945 en el Semanario La Unidad, dirigido por Armando Zabaraín. En 1946 ingresa al Diario la Prensa, donde estuvo durante 10 años. En 1956 pasa al Vespertino Nacional de Julián Devis Echandía, durante tres años. En el Diario Del Caribe laboró durante ocho años, le vetaron un artículo, razón por la cual renuncia y al día siguiente comienza en El Heraldo, hasta el día de hoy, llevando 38 años de servicio. Un total de 65 años de carrera periodística deportiva.
También en Colombia, De Castro, fundó en la radio un noticiero deportivo que se llama "Desfile Deportivo" con Mike Schmulson. Este programa se inició en Emisora Atlántico, el 7 de abril de 1953, a los pocos meses pasa a la Voz de la Patria. Actualmente se emite por Uniautónoma Stereo y el pasado 7 de abril de 2010 el programa cumplió 57 años.
El maestro Chelo De Castro nos honra con su colaboración desde el 2000. Para nuestro grupo en NotiFight.com, es un gran orgullo contar con una de las plumas boxísticas más respetadas de Latinoamérica.