La gente es ‘fregada’. Bastase que hubiésemos hecho ayer una croniquilla entre seriedad y tomadura de pelo (conste que aquí no propagamos la inmarcesible estupidez de la “mamadera de gallo”, frase que un estúpido cualquiera estampilló en el habla de la modernidad como sinónimo de broma y de una vez se extendió hasta internacionalmente como reguero de pólvora) y de una vez nos “enmochiló” una que ya teníamos encajonada en el cerebelo para hoy, porque exigían otra crónica como la de ayer sobre la reunión boxística del viernes (en Barranquilla, Colombia).
No hemos podido resistir la tentación de dar a conocer los autorizadísimos aunque polémicos –¡como que no! habiendo tanto adorador barato como el personaje tiene en estos tiempos de incontables farsantes como pueblan la atmósfera– conceptos vertidos por la pluma extraordinaria del cronista y escritor cubano Roberto Luque Escalona, sobre la estampa claroscura de Muhammad Alí como boxeador que hizo estremecer (hay que reconocerlo así) el mundillo boxístico de los años 70 y 80 como otro caso no se conoce. Transcribamos algunos de sus párrafos y frases que estamos seguros han de sacudir a las numerosas huestes de adoradores baratos y caros como los que tuvo Alí. Aquí los tienen:
Lectores amigos, quienes nos leyeron una alusión rapidísima sobre Luis Ángel Firpo, cuando el famoso peso completo argentino estuvo en Barranquilla muy de paso, pues seguía hacía México (eran los tiempos en que Barranquilla aparecía en el mundillo de la navegación aérea como el primer puerto suramericano y nadie se podía movilizar de sur a norte o de norte a sur sin tocar en nuestra ciudad, que así conocimos a Kid Chocolate, Jack Dempsey, sin que estos pisaran otro suelo colombiano), lo abordamos en el propio aeropuerto Ernesto Cortissoz. ¿La misión de Firpo? Invitar a los países del continente para los Juegos Panamericanos de Buenos Aires.
No porque le haya rendido culto a la tierra a una edad tan avanzada como son los 90 años deja de ser dolorosa la desaparición de ese artífice del boxeo que saludaba por Angelo Dondee, hombre de gran sabiduría en el arte de primero entrenar boxeadores y luego subirlos a los cuadriláteros y dirigirlos hacia la victoria, como tantísimos fueron los que él dirigió en más de medio siglo de tan dura y como estropeadora profesión. Dundee y su hermano Crish orientaron a centenares de pugilistas.
A pesar que ellos mismos son los únicos responsables de sus desventuras tanto personales como económicas, duele un poco ver la situación en que han quedado boxeadores como Mike Tyson, quien ganó millones y no pesos bolivianos, sino dólares (las ‘lechugas verdes’, como las denominamos hará cosa de 35 o 40 años) hasta quedar en el estado en que ha quedado Tyson, de quien un cable dice que en el combate entre Márquez y Pacquiao se vio al ex campeón mundial de peso completo que no concedía autógrafos gratis –como siempre se ha visto– sino cobrando por cada firma que estampaba.
Con motivo del reciente y lamentable fallecimiento de
Amilcar Brusa –un hombre decente, discreto como todos los que saben–, a quien conocimos en la convención de la AMB en Panamá, e igual con
Tito Lectoure, hemos tenido un palique con viejos conocedores de boxeo, que luego, como siempre, salieron exigiéndonos que trasladáramos esa charla boxística a estas columnas. Y ni modo, ya estamos embarcados en la obligación de complacerlos.
Aquellos pocos lectores que en tal sentido tenemos y aquellos aficionados boxísticos que creen igualmente que les cargamos la mano a este boxeo vagabundo, deshonesto y trapisondista a morir, se nos ha perdido de los puntos de la ciudad en los cuales contactamos con todos ellos, porque el ‘succes’ presentado en la reunión de boxeo de Las Vegas (a esas casas de suerte y azar fue a recalar el pugilismo nauseabundo de estos tiempos, que huyó del Madison Square Garden de Nueva York y de otros recintos correctos para combates boxísticos, que “por algo será”, como decía aquel humorista formidable que fuera Tocayo Ceballos) porque el escándalo del sábado pasado les aconseja que no se deben dejar ver de este columnista.
“¿Usted nos podría decir que es de la vida de
Aaron Pryor, uno de los mejores púgiles de los últimos tiempos”?, se nos pregunta en una cartita de pocas líneas, sin dirección de remitente alguno y apenas suscrita por “curiosos del boxeo”, quienes además quieren saber si está o no en el Hall de la Fama del boxeo. No, no podríamos decir “que es de la vida de Aaron Pryor”, porque es una vida crapulosa que hace ya muchos años quedó fuera del boxeo y deambula sabrá Dios por dónde en los Estados Unidos, ya que Pryor fue noqueado por la droga, como tantos boxeadores. El boxeo puede ser el deporte que mayores víctimas tiene por la acción de las drogas.
Cada vez, año tras año más inexplicable (o como decía nuestro profesor de castellano, doctor Padrón, “inmotivadamente”) el retiro de uno de los más grandes campeones mundiales de peso completo, como lo fue sin margen a ninguna duda,
Rocky Marciano, quien le dijo adiós al boxeo sin espectacularidades ni dramatismo de ninguna índole.
“Me voy” y se fue, sin que nadie pudiera atajarlo o al menos permitir que se discutiera con él mismo tan tajante decisión. Había acumulado casi un millón de dólares de aquellos tiempos y supuso que podría vivir con su familia de esa suma, sabiendo invertirla muy bien.
El mal estuvo (decimos acá por “fregar la pita”, que es una viejísima expresión popular entre nosotros los “barranquillús”, como decía Fernando De Castro) porque ni es “mal” para este modesto contador de historias, ni mucho menos lo es para quienes quieren conocer los episodios históricos de aquellos años 20 en el boxeo de entonces, de los cuales se dice que fueron únicos e irrepetibles.
En esos años 20 había en Nueva York un Café con mucha clientela, especialmente boxística, ya que al mismo acudían los grandes boxeadores de aquellos tiempos. Y en una mesa, sin querer o con la cosa queriendo, de pronto estaban reunidos grandes boxeadores del momento y de diferentes categorías, pues allí se decía estaban Canzoneri, campeón mundial pluma, Benny Leonard, monarca indesbancable del peso ligero, George Carpentier, Luis Ángel Firpo y varios mas.
Lectores de estas columnas que entregamos de lunes a viernes de cada semana y de cada mes y si quiere echarle guindas al pavo diga usted de cada año y de cada lustro y siga “pa alante”, que tenemos calendarios para tirar a la tiña, se nos ha quejado porque dicen que debimos haber incluido siquiera un párrafo sobre “cómo creía este columnista acerca de quien habría sido el ganador y si habría ganado por puntos o por nocaut”.
“¡Dígame!”, exclaman los santandereanos. Esta última ‘marañita’ se la habríamos dejado al ‘colega’ Nostradamus, que así como adivinaba en este perro mundo lo habido y lo por haber, también debe estar solazándose de lo lindo en el más allá, repartiendo predicciones a troche y moche.
¡Lo que se hizo con
Líkar Ramos! ¡Lo que se fraguó con él, llevándolo a México como víctima propiciatoria para darle un mejor entrenamiento al púgil mexicano
Juan Manuel Márquez con vistas a su combate de noviembre contra el filipino Manny Pacquiao (¡tercera pelea entre ellos!) no solo fue una perfecta mamarrachada, sino una burla al público y al boxeo mismo.
Ramos fue llevado al país azteca como se lleva una res al matadero. Nunca habíamos visto —a los lustros y a las décadas que tenemos de estar viendo boxeo en este mundo— arreglarle un combate a un challenger para que se entrenara un poco mejor, ya que se buscaba un sparring zurdo, toda vez que Pacquiao también lo es (pero como dice Freddie Roch, su entrenador, que da tan duro con la derecha como con la izquierda) por lo que tan difícil es.
Jul 20, 2011 - 1:44:02 PM
Redactor
:
Especial
:
DeCastro
El combate más desajustado en peso Lo que sí sabemos es porque trascendió al público que Centeno —welter cubano que en Colombia no perdió un solo combate, barriendo con criollos y foráneos— pesó 152 libras en tanto que el ‘Caimán del Sinú’ pesó 210 libras... Casi 60 libras de diferencia. Los preguntones del boxeo que tenemos por estos lares quieren saber de parte de este columnista que, según ellos, se las da de “gran historiador pugilístico” de este país, puestos en su lugar con las excusas presentadas porque ni ellos ni nadie puede decir que presumimos de algo en materia de conocimientos deportivos (y no deportivos, esto es, que para presumidos estamos mandados a recoger, para usar una expresión un poco cogida al azar) procedimos a señalar cuál es el combate más duro librado en Barranquilla por un boxeador.
Jul 6, 2011 - 1:49:39 PM
Este columnista ha ejercido muchas veces en sus 65 años de labor el derecho de disentir, que es una de las libertades más preciadas en el periodismo. Esta vez disentimos de la escogencia del periodista dominicano
Carlos Nina Gómez, quien ha publicado un libro sobre los 50 mejores combates que ha habido en la historia del boxeo, y escoge el match entre
Joe Frazier y
Muhammad Alí en Manila, en 1975, como “el más importante de todos los tiempos” en la historia del boxeo. ¿Y por qué el más importante, señor Gómez? ¿Por qué ambos llegaron al paroxismo del agotamiento?
¡Y siguen los lectores acosando! en demanda de cuanto punto medio oscuro encuentren digno de ventilarse públicamente y si no lo pueden hacer ellos por sus propios medios, pues ahí están algunos periodistas deportivos que, como dice un refrán, saben más por viejos que por periodistas en el oficio. Eso sí, este columnista no encuentra ningún acoso deportivo y por el contrario, lectores amigos, pregunten lo que quieran, que si sabemos las respuestas con mucho gusto las entregamos y si no, a otra cosa, mariposa. Más claro, ni el agua de manantial. Estos últimos que no han escrito quieren saber sobre los ‘tongos’, las ‘componendas’, los ‘chanchullos’ o como titulen ellos un arreglo boxístico para perder un combate. O para ganarlo.
-“Oyeme, Chelo, ¿hasta cuando vas a seguir haciéndote el pendejo, para no escribir sobre la confesión tan increíble que desde hace dos semanas ha hecho el propio Ray “Sugar” Leonard”? Y este viejo columnista que le permite el tuteo y esos atrevimientos a muy pocos amigos y relacionados, ciertamente, nos hacemos los pendejos para preguntar, con la cara más santurrona del mundo:
Hemos podido comprobar, con el paso de los días y la alternabilidad con personas que inclusive ni siquiera conocemos, pero nos abordan y entablan con este columnista cualquier conversación deportiva en una ciudad que, como Barranquilla, tiene más gente charladora por la libre que cualesquiera otra en todo Colombia. Hace pilas de años y lustros que quedaron atrás, cuando nadie se atrevía a querer comenzar una charla con personas y personajes que ni siquiera sabían quién era el uno y quién el otro, como se charla hoy, pero no en aquellos tiempos de reserva mantenida como una trinchera que nadie podía “tomar por asalto”, por usar una frase conflictiva, cuando no bélica.
En el historial del boxeo de altura han habido combates ganados dramáticamente por los hombres que dirigen a sus pugilistas mediante un estudio y unas conclusiones, no propiamente de lo suyo, sino de lo que tiene o de lo que padece el boxeador contrario al suyo. No basta conocer las condiciones y los defectos del boxeador que se dirige, sino principalmente conocer las del “otro contendor”.
En robustecimiento de lo anterior, podríamos citar múltiples y resonantes combates que han habido en todas las categorías en que esté dividido el boxeo, aunque es cierto que aquellos periodistas deportivos a quienes nos gusta “curucutear” en la historia pugilistica, preferimos a los boxeadores de peso completo, mucho más que los de otras divisiones.
May 31, 2011 - 9:32:05 AM
Redactor
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Especial
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DeCastro
Hopkins, descabezador de ídolo... Ya cuantos nos dispensan su lectura o ponen su tímpano en dirección de Desfile Deportivo, nuestro órgano
radial, están enterados de la hazaña —porque es una hazaña— la del púgil norteamericano Bernard Hopkins, conquistando un título mundial semicompleto, a la edad de 46 años y 126 días de haber visto ‘la luz primera’ de este perro mundo, cuando a esa edad los que han sido campeones mundiales ya tienen varios años de estar retirado de las cuerdas y rumiando sus densos y voluminosos recuerdos.
May 26, 2011 - 1:03:54 PM
Desde las 7 y media de la noche comenzó este columnista un rastreo para averiguar cual sería el canal de televisión que transmitiría el combate entre Shane Mosley y Manny Pacquiao, la sensación filipina que ha barrido con varias divisiones de boxeo. Desde luego, la búsqueda del bendito canal sería por todo el universo, menos Colombia, país que en materia de polifacetismo viene en ‘réver’ desde hace ya muchos años, pues ni para quienes manejan los hilos invisibles pero reales del negocio televisivo, ni para el grueso público, en esta desgraciada época no existe o no debería existir deporte alguno diferente al fútbol, al que describimos hace mas de 60 años en el diario La Prensa como el espectáculo, público de “22 hombres en calzoncillos detrás de una bola”.
Ya saben que estamos sometidos a un asedio boxístico-histórico por parte de amantes del Arte de Fistiana, como llaman al boxeo y no hemos podido saber por qué, con ganas de preguntárselo a nuestro querido colega y erudito amigo Pepe Sánchez, de quién puede decirse con justeza que no hay dato histórico, deportivo y no deportivo, que él no conozca.
La pregunta del asedio es cuáles han sido los nocauts más sensacionales en la historia del pugilismo en todo los tiempos. Preguntita pringamocera que se las trae, pero que podemos contestar con toda propiedad. Empecemos por lo que llaman ‘boxeo moderno’, que es desde Jack Dempsey a los tiempos que andan.
Entre personas amigas y conocidas no amigas se ha abierto paso que “si será cierta o no” que este columnista deportivo y en veces no deportivo, no gusta del boxeo practicado por mujeres. Y uno del grupo quiso saberlo por boca del propio censor y nos preguntó en las puertas mismas de este periódico.
Y le dijimos que aquellos que presumían que éramos adversos a esa práctica femenina tenían toda la razón. En efecto, somos encarnizados enemigos que la mujer practique el boxeo. Y menos que menos que lo haga a nivel profesional.
Tenemos amigos y contertulios –y también uno que otro viejo aficionado al que le observamos un disimulado principio de ironía– porque fracasó una iniciativa de este columnista, un poco como entendido que somos en el deporte del boxeo, dicho así sin pizca de vanidad y menos que menos de jactancias, que impusimos en el boxeo profesional de Barranquilla, mientras estuvimos como miembros de la Comisión de Boxeo.
La primera, hay que decirlo para atajar a tanto bribón que se las quiera dar de historiador, la comisión de Boxeo fue restaurada, no fundada ni nada parecido, ya que tenemos documentos históricos que prueban que en Barranquilla se fundó la primera Comisión de Boxeo que se estableció en Colombia. Fecha 1922.
En los grandes combates de boxeo de antaño los entrenadores entraban con alguna anticipación a conocer los puntos fuertes y débiles de los contendores de sus pupilos.
Téngase en cuenta que no era una tarea fácil, en un país territorialmente tan inmenso como los Estados Unidos, donde habían púgiles de todas partes y en una abundancia tal que hoy por hoy deja en estado de asombro las estadísticas. Como, por ejemplo, saberse que en los años 20 había 3 veces más pugilistas que en el 2000 y subsiguientes. ¿Con qué clase de líquido se puede pasar el tarullo atascado detrás de la lengua? Sépase que son estadísticas serias e irrebatibles, a cargo de entidades responsables. Otra cosa era que entonces no había ni siquiera el 20% de los medios de difusión y publicidad con los que cuentan estos tiempos.
Los aficionados partidarios de ese bronco arte de boxear generalmente los atenaza la curiosidad de conocer quien ha sido el púgil que ha logrado, por ejemplo, el más rápido nocaut en la historia de este viril deporte.
Contra lo que algunos creen —que nos molesta el acoso de lectores y aficionados por conocer pasados hechos deportivos de significación mundial, que por la edad de ellos no conocen y por la nuestra sí que la conocemos— amigos y relacionados tienen interés en conocer cómo un púgil ya veterano y con 5 años de haber perdido el titulo mundial de peso completo, llamado Max Schmeling, pudo haberle ganado a un Joe Louis de 22, que ellos tienen entendido era la sensación de aquellos años 30. Y juren que “así era la parada”. Louis había noqueado a Primo Carnera, a Max Baer, a Jack Sharkey, a Paulino Uzcudun, quien no había sido noqueado por nadie, ni en sus comienzos.
A pesar que apenas comienza este abril 2.011 y por ende hay un amplio campo para que el gran acontecimiento pugilístico se pueda llevar finalmente a cabo, es un hecho que el ofrecimiento que el promotor norteamericano y poseedor de los derechos boxísticos del filipino
Manley Pacquiao le hizo al púgil estadounidense
Shane Mosley para que se enfrente a Pacquiao, pospone una vez más el “combate de los combates”. El que esperan millones de amantes del pugilismo.
Cada vez que como televidentes esporádicos que somos nos topamos con un combate como los que generalmente aparecen en el canal 14 (aunque el 15 muy de vez en cuando y de cuando en vez les “cuadra” en la pantalla chica un “box” como para salir del paso a su clientela, nos amarramos una cierta calentura al ver las clases de peleas que esos tipos detrás de las cámaras han escogido para televisarlas impunemente. Sí, porque aquel que algo sepa de boxeo es un individuo inerme y ópticamente maniatado por unos ignorantes de tomo y lomo. Casi que no comenzamos este artículo porque anotamos la última chambonería televisada en un periódico, con los nombres de los dos paquetes navideños que estaban sobre el ring y vamos que a la hora de empezar no pudimos encontrar a los nombres de este par de chambones con guantes que estaban “hendiendo el aire” con sus viajazos “cantineros”, porque parecían un par de “trompeadores de cantina”, que llamamos los integrantes de la cofradía boxística a esta clase de peleadores.
Cae en nuestras manos una crónica de un periodista mexicano sobre el gran
Kid Chocolate (Eligio Sardiñas en su partida de bautismo) y tenía que ser azteca para resaltar lo elemental en la vida del Kid y omitir las cosas que lo hicieron tan espectacular y vibrante, allá en los últimos años 20 y principio de los 80, cuando aquel relámpago negro daba demostraciones en el ring como muchos vejestorios dicen que jamás lo volvieron a ver en otros.
No se crean los amables pero exigentes lectores de estas columnas que es por falta de mejores temas el que hoy vayamos a insistir en el caso del campeón mundial super welter,
Floyd Mayweather, sobre su insólita tozudez de negarse a pelear con el filipino
Manny Pacquiao, si no se accede a sus condiciones previas para celebrar el combate, insistiendo en los exámenes de sangre previos a la batalla de cuero, que es algo que nunca se ha usado en el boxeo.
Lo último que se sabe del campeón mundial súper welter o mediano junior,
Floyd Mayweather, viene a complicar las cosas, a la luz de todos aquellos aficionados boxísticos que no han perdido la esperanza de verlo metido en un cuadrilátero intercambiando golpes con quien es considerado en el ámbito del boxeo de altura como el mejor púgil, libra por libra, que tiene el pugilismo de los días que corren: el filipino
Manny Pacquiao.
El próximo sábado reaparecerá sobre un ring en los Estados Unidos el que a luces a todas es considerado el mejor púgil, kilo por kilo, de los últimos años:
Manny Pacquiao, el hombre a quien empero se le ha malogrado la mejor bolsa de todos los tiempos, como hubiera sido el pago por su combate contra un
Floyd Mayweather, flamante campeón mundial invicto y hombre que ha puesto toda clase de requisitos, lo cual llevó al fracaso ese sonadísimo combate.
Como lo intuimos y por consiguiente lo esperábamos (la reacción presentida estuvo un poquito demorada, sin embargo) reaccionaron hasta encolerizados los admiradores de Ray Robinson, con toda la razón del mundo, que lejos de nuestra pobre ánima, lo último que este columnista haría era negarles ese derecho de considerar a Robinson “el más grande pugilista de todos los tiempos”, que es el punto con el cual discrepamos. Pero que fue un grandioso boxeador no hay en este planeta quien lo dude.
Sep 23, 2010 - 1:41:20 PM
Redactor
:
Especial
:
DeCastro
Jake La Motta casi nos pega… Un par de lectores y amigos nuestros que nos leyeron una columna en la que de refilón contamos el incidente deportivo, no personal, con Jake La Motta —ex campeón mundial de peso mediano y buen boxeador— quieren que demos mayores detalles de lo que fue aquello en Atlantic City, en una Convención de la AMB, a la cual fuimos invitados por una deferencia del doctor Mendoza, uno de esos hombres que por probidad y su don de gentes le da lustre y prestigio a cualquier causa deportiva.
Sep 15, 2010 - 1:52:18 PM
En la televisión hay varios canales que muy de vez en vez se acuerdan que el boxeo es uno de los deportes más importantes del mundo y en materia televisiva no hay uno que le vea la cara. Sin embargo, es el menos llevado a la pantalla chica, así como el más llevado es el fútbol, que en los canales suramericanos tiene a periodistas y ejecutivos inmunizados contra el fastidio, pues eso es fútbol a mañana, tarde y noche. Hace unos 4 o 5 años vimos que en uno de esos canales pasaron el combate Dempsey vs Firpo, como también el de Marciano cuando noqueó en menos de 8 asaltos a un Joe Louis envejecido y ni sombra de lo que fue. Y nada más.
Sep 9, 2010 - 3:34:33 PM