Durante mis días de estudiante en la escuela, recuerdo que se armaba tremendo revuelo cada vez que el entrenador de fútbol tenía que asignar los números de la playera en el equipo, por el flamante y disputado número 10.
Y es que desde que tengo uso de razón, el famoso guarismo ha sido un número que irradia magia. Basta
con pensar en esta cifra para traer a la memoria a grandes figuras como Pelé o Diego Armando Maradona, y más recientemente Ronaldinho y Zidane.
Pero el 10 trasciende lo estrictamente deportivo. Los pitagóricos en la antigua Grecia concebían el diez como muestra de la perfección y lo relacionaban con el ser supremo. Se sabe incluso que juraban por el diez como si lo hicieran por lo más sagrado.
Los cristianos también le conceden un gran valor, y es motivo recurrente en varios temas, como los diez mandamientos que Yahvé dio a Moisés, las 10 plagas que azotaron a Egipto, y la ley del diezmo basado en el diez, que no hace más que mostrarnos el orden divino de la manera en qué Dios ha hecho negocios con el hombre.
El número está ligado a una secuencia divina, por tal razón también
se ponen sólo 10 antepasados entre Adán y Noé, y 10 entre Noé y Abraham, aun cuando las sagradas escrituras refieren que existieron muchos más.
La historia también relata como el 10, dio origen a los más complejos métodos contables, como el sistema decimal desarrollado por los egipcios en la antigüedad, partiendo de la suma de los dedos de las manos, una cifra que facilitaba la memoria.
En resumen el 10 es sinónimo de totalidad, maestría, perfección, exceso y sobreabundancia, justamente lo que hoy en día representa para el pugilismo mundial, Román “Chocolatito” González.
Quiso DIOS, el destino, o la casualidad que Román se convirtiera en el décimo nicaragüense en ganar una corona mundial de boxeo.
El mundo lo vio graduarse de campeón con la más alta calificación, resolviendo con facilidad pasmosa a un valiente Yutaka Niida, que reinó cuatro años con siete defensas de su corona, y que hasta la madrugada del lunes 15 de septiembre era considerado el mejor peso mínimo del mundo.
Pero no se equivoquen, no fue tan sencillo, es sólo que Román así lo hizo parecer. El pequeño gigante del barrio La Esperanza en Managua impresionó tanto en Japón que a muchos les pareció cosa de la providencia.
“El chocolatito es uno de esos muchachos que nacen cada 50 años” le oí decir a alguien en su oportunidad, pero si yo tuviera que describirlo, diría que Román se equipara a un crack como Ronaldo o a un fenómeno como Lio Messi.
Si a usted le parece que la comparación es exagerada, no fui yo el que equiparó en sus inicios a Román González con Alexis Arguello, que junto a Denis Martínez son las máximas glorias del deporte en Nicaragua.
Ahora también recuerdo, porque en el colegio, el chico que mejor manejaba la pelota
en el once de fútbol era el que siempre se ganaba el derecho de lucir el número el 10 en su espalda, porque desde siempre el 10 ha estado reservado para los grandes.
*El autor es periodista deportivo de Radio Nicaragua.
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