

TOKIO, JAPÓN.- Son las cinco de la tarde del domingo 28 de octubre aquí en Tokio (dos de la mañana en el centro de México). Han pasado ya 24 horas desde que el réferi le levantó la mano a Gamaliel Díaz para decretarlo campeón mundial superpluma del Consejo Mundial de Boxeo.
Su sueño. El sueño de todo boxeador hecho realidad.
El “Plátano” regresó de Akihabara, donde, aún con su brazo derecho inmovilizado por la lesión en el codo, incluso posó con admiradoras inesperadas.
Estamos en la tranquilidad de su habitación. Sobre su cama están sus arreos de trabajo. La bata y el calzoncillo en verde limón con vivos dorados, precioso diseño del “El Chacal” Daniel Domínguez. Las zapatillas y calcetas, también en ese color que representa la esperanza.
Ahí mismo, en sitio especial, la Bandera Mexicana más roja que nunca por la sangre de su héroe.
Los trofeos. La licencia. Los guantes. El gafete de ingreso…
Reunió ahí todo aquello que le hiciera saber que su realidad no es un sueño, que su sueño se ha hecho realidad, que lleva ya un día como monarca universal.
En su tocador, la laptop con la que festejó la victoria con su familia hasta altas horas de la madrugada, (cinco de la mañana del sábado en México; siete de la noche en Tokio). Desde ahí, con la magia de la tecnología (el Skype) le contó todo a su esposa, Rosa Claudia; ahí, también desvelados pero felices, podía ver y oír a sus hijos Rosa Itzell, Gamaliel y Yael.
Mientras repasa los dos rounds finales en los que con desesperación Takahiro Aoh defendió su título mundial, “El Plátano” hizo un repaso
de lo que ocurrió la tarde previa en el Tokyo International Forum.
Habló también de su futuro, de lo que sigue a corto plazo y de lo que pretende suceda a largo plazo.
Primero, de Aoh: “Es un gran boxeador. Por algo es doble campeón del mundo. Nunca se dio por vencido, pero era mi noche”…
Del desarrollo de la pelea: “Desde el primer round supe que la pelea era mía. Cada golpe que lanzaba le impactaba. Lo sangré desde el primer round… Quizá se complicó por ahí del séptimo-octavo, cuando m e cortó. Pero sabía que era mi pelea. Cada golpe que tiraba llevaba todas mis ganas de ser campeón del mundo. Fue una pelea intensa”…
De su noche: “Era la noche de mi vida. Dejé todo en el ring, como siempre… nunca me guardo nada”…
De su “volver al futuro”: “Quiero ser un campeón duradero. Pasar a la historia, estar entre los grandes. Doy sin problemas los tres pesos (pluma, superpluma y ligero) y, como todos, sueño con dos o tres campeonatos; con disciplina todo se puede hacer”…
De su hoy: “Estoy relajado, descansando. Quiero hacer una defensa antes de que termine el año, pero ya lo platicaré con mi promotor Fausto García”… Tengo los pies bien plantados sobre la tierra. No me ‘vuelo’, porque después es peor la caída. Soy el campeón del mundo, pero esto apenas empieza. Ahora me tengo que preparar al doble, porque todos me lo querrán quitar. No soy más que nadie”…
De sus agradecimientos: “A la gente que creyó en mí. A mi promotora Boxeo de Gala, del doctor Fausto García. Al ingeniero Fernando Espino. A mi esposa e hijos. A mis entrenadores Pepe Morales y Daniel Domínguez. A las autoridades de Neza: al presidente municipal José Salinas Navarro; a la candidata del PRI, Martha Angón; al Incufidene (Instituto de Cultura Física y Deporte de Nezahualcóyotl), a mis patrocinadores Eqi, Sportyka y Brightcom. Al WBC, a don José Sulaimán y el licenciado Mauricio Sulaimán; al gobierno del Estado de México. A mi amigo Shinji Nogami; al doctor Cecilio Flores y su esposa, Sandra Gamboa, y su amigo Yutaka Namiki Nasu”.
Gamaliel Díaz ahora está en un dilema. Ya le urge regresar a México para celebrar con sus familiares la conquista, pero no será sino el 31 de octubre cuando aborde el aeroplano que lo regresará las 14 horas que ‘envejeció’ en su traslado a Asia.
Faltan 72 horas para el gran festejo…