Carlos González/Primera Hora. Cuando se habla de los mejores boxeadores puertorriqueños en la historia, omitir a Carlos Ortiz podría considerarse un sacrilegio. Su brillante carrera le valió ser exaltado al Salón de la Fama del Boxeo Internacional en Nueva York en 1991 y, desde ayer, una estatua del legendario campeón ligero ocupa un lugar en el Museo del Deporte de Guaynabo juntos con otras glorias deportivas. “Es un día que jamás pensé que llegaría. Estoy muy orgulloso de que Puerto Rico haya decidido dedicarme tan grande honor. Espero nunca despertar de este sueño”, dijo un emocionado Ortiz, quien reside en Nueva York.
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